‘Mortal Engines’, un atracón de efectos con poca sustancia

A veces más es menos. Esa podría ser la única conclusión tras ver el prolongado bofetón de CGI de la adaptación del libro Máquinas Mortales pero es necesario explicar la frustración interna que se genera tras más de dos horas viendo un espectáculo en el que se embellece el envoltorio y se echa por tierra lo que podría haber sido una historia de lo más jugosa. Parece irónico acusar el trabajo del equipo del director Christian Rivers de lo que suele ser la fórmula del blockbuster, pero debemos ir más allá y atender a la premisa, el potencial de la historia y su triste e insuficiente resolución.

Mortal Engines tiene una premisa estupenda: un futuro distópico y post-apocalíptico, la humanidad al borde del exterminio a causa de otra guerra a escala global y un montón de ciudades convertidas en bestias de metal, piedra y fuego (hola, holita Mad Max) que se devoran las unas a las otras para poder sobrevivir una temporada más. Es decir, un trasunto de la naturaleza humana en estado puro, una vez se ha perdido toda la esperanza en un mundo salvaje, cruel, vacío de piedad. Es una historia que, con dicha premisa, debería resultar sumamente violenta y arrojar un conflicto más humano y real de lo que muchos dramas podrían ser capaces. Esa es, al fin y al cabo, la clave de la ciencia-ficción y la fantasía: plantear un problema profundamente humano a través de un escenario único.

En lugar de lo anterior tienes una historia tan desesperantemente plana y esperable que parece casi inevitable ponerse a rezar para que termine lo antes posible. Su protagonista (Hera Hilmar) tiene motivaciones comprensibles, pero cero desarrollo. Su… ¿segundo protagonista? ¿Deuteragonista? Como sea, el personaje de Robert Sheehan está absolutamente desaprovechado y sobra completamente (ya debería darles vergüenza tirar por la borda el talento de semejante intérprete). El carisma de Hugo Weaving se ve eclipsado por lo insoportablemente básico que resulta su personaje antagonista. Lo que hace la película con Stephen Lang es simplemente ridículo. El magnetismo de Jihae no termina de hacernos olvidar que la historia de su personaje no importa en absoluto.

Para rematar, lo que podría resultar un relato colmado de reflexión sobre varios temas (la sociedad, la naturaleza humana, las relaciones de poder…) y equilibrado con escenas de acción apabullantes termina siendo un pastiche de CGI que enmascara explosiones sin potencia destacable, golpes y peleas sin sentimiento, diálogos vacuos y acción con poquita sangre y riesgo. Lo único que consigue es acertar en su ambientación pero, ¿de qué sirve si el resto deja de importar?

Conclusión: para quienes pueden ignorar la historia y dejarse llevar por un universo atractivo. Las ciudades devoradoras lucen de infarto y el reparto tiene talento, pero todo lo demás se queda en muy poca cosa.

Nota: 2/10