La Semana de la Moda de Copenhague es, sin duda, una de las más conscientes de la crítica situación climática que hace peligrar su continuidad. Quizá, por ello, ha sido la más radical en sus medidas. En el plan que anunciaba Cecilie Thorsmark, CEO del evento, no solo se establecía una prohibición en contra de las botellas de plástico y las emisiones de carbón sino que también se comprometía a no producir residuos en 2023. Para entonces, se espera que todas las marcas hayan adoptado diecisiete políticas en pro de la sostenibilidad.

Ganni

Ganni y Cecilie Bahnsen

Así pues, aun viviendo en tiempos convulsos, uno de los peces gordos de la Copenhagen Fashion Week adoptó un enfoque optimista en su última colección. Ganni, cuyo impacto llegó hasta la cantante Selena Gomez, unió fuerzas con veinte artistas que se encargaron de reciclar materiales anteriores y dar lugar a creaciones originales. De dicho ejercicio nacieron, además de los ya característicos florales y acolchados, vestidos negros de punto  y vaqueros básicos rectos.

La nueva sastrería y la inclinación a la sofisticación, si bien se desmarcaba de la esencia inicial de la firma, dio cabida a un romanticismo arraigado en el realismo de nuestra era. Un romanticismo que, aunque propendía al capricho y la diferencia, reconocía la necesidad de prendas versátiles y atemporales como trajes o vestuario de punto. A fin de cuentas, la pasarela de Otoño/Invierno 2020 de Ganni constituyó una sólida propuesta de los menesteres de la industria en una nueva y decisiva década.

Cecilie Bahnsen

Ganni y Cecilie Bahnsen

En la otra cara de la moneda, Cecilie Bahnsen abordaba su colección desde una perspectiva completamente ajena a la realidad -por lo que a la estética se refiere. Sin embargo, en lugar de apostar por el romanticismo extremista en forma de faldas blancas volátiles y vestidos de organza etéreos que empezaba a hastiar, la diseñadora exploró una nueva paleta de tonos azules y marrones. Con ellos, materializó el ADN de la firma sin necesidad de imitar colecciones anteriores.

Sea como fuere, la colección fue una de las más completas de Cecilie Bahnsen hasta la fecha. La colaboración con Mackintosh finalmente respondía a una incógnita incesante sobre qué llevar encima de los vestidos. La solución se presentó en dos variantes: el anorak clásico o la capa acolchada. Así mismo, se estrenó en el campo de las prendas de punto con jerséis tan versátiles que se podían incluso llevar con sus vestidos.

En definitiva, aunque todo apuntaba a una repetición de patrones anteriores, Cecilie desempeñó exitosamente el afán innovador. Después de todo, las siluetas encorsetadas y los tules le confirieron la dosis de realismo de la que carecían sus colecciones anteriores. Tal vez sea este, junto el compromiso medioambiental, el factor concluyente para una industria sostenible. A él también debemos atribuirle una posible expansión de la marca entre el público general y mayores índices de ventas.

 

Inés Beltrán

REDACTORA DE MODA

Proyecto de modelo frustrado por el silencio. Amante de la moda y podría estar un día entero hablando.