‘Élite 2’ llegaba a la plataforma Netflix este viernes 6 de septiembre con un mensaje muy claro: el ser diferente no es un error sino un gran triunfo.

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La primera temporada de Élite llegaba el año pasado sin ningún tipo de expectativas.  El público les aplaudió sin parar y el triunfo fue mayor a lo esperado (incluso llegando el éxito al público internacional). Y , ¿por qué fue eso así? Los estudiantes del Instituto Las Encinas son un claro espejo de la sociedad actual, de esos jóvenes adolescentes que hacen todo sin pensar, sin dar explicaciones y sin pedir perdón de quienes y por qué son así.

Una gran variedad de personalidades diferentes, pero a la vez tan iguales y difíciles de distinguir es lo que vemos en las dos temporadas. Familias con gran poder adquisitivo, como las de Carla, Guzmán, Lu o Polo; pero a la vez nada iguales y con diferentes formas de pensar y entender la sociedad. El claro ejemplo, de esto que os contamos, es la familia homoparental de Polo formada por dos mujeres de éxito que encajan a la perfección en una sociedad homófoba y machista. ¿Qué cosa tan surrealistas, verdad? Efectivamente. Aunque en la vida real esto sea mucho más criticado, en las series, este tipo de relaciones, se toman como un grito y una llamada de atención para frenar todos esos pensamientos asquerosos y sin ningún tipo de finalidad, solo que la de destruir lo que nos hace felices, ser uno mismo en cualquier parte.

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Pero esto no solo lo vemos reflejado en este personaje. Nadia y Omar viven en una familia palestina donde todo se tiene que hacer bajo las órdenes del hombre de la casa, el padre. Machismo, la joya de la corona de la sociedad patriarcal, es lo que reluce en su familia. Tanto ella como él, viven una vida que es una prisión constante donde no pueden saborear esa libertad y esas ganas de descubrir mundo que si tiene el resto de estudiantes. La relación de Omar con Ander y las ganas de ser una mujer libre y decidir por sí misma de Nadia, son las luchas a las que se enfrentan esos personajes en la ficción, pero qué, desgraciadamente, padecen muchísimos jóvenes hoy en día.

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Otras de las relaciones que nos hace abrir los ojos y reflexionar, son las creadas esta temporada por Carla y Samuel y Cayetana y Polo. Mientras Carla y Polo vienen de familias con gran poder en la sociedad, Samuel y Cayetana representan la situación de muchas familias que luchan cada día por llenar de comida la nevera a cambio de lo que sea. La serie, una vez más, nos hace ver que no importa de dónde vengas ni el barrio en el que vivas, por mucha cartera llena que tengas, no sirve de nada si tienes la cabeza hueca.

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Y aquí, cabe hacer mención, a uno de los papeles más necesarios y maravillosos de esta segunda temporada como es el de Cayetana, interpretado por Georgina Amorós. Ella ha sido la encargada de ponerle cara a Instagram y nos ha enseñado qué, por mucho que queramos fingir quienes somos, al final toda la verdad sale a la luz.

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Y hablando de verdades, para llegar a ellas siempre las mentiras son el primer paso, y si no que se lo digan a Guzmán y Samuel. Una relación enemistada por la diferencia de clases, la comunicación nula (por parte del hermano de la fallecida Marina) y por el orgullo. Con ninguna de las anteriores actitudes se llega a ningún sitio y es lo que tratan de comunicar estos dos personajes a los espectadores. Al fin y al cabo, en ocasiones no hace falta nada más que decir la verdad para entenderse y solucionar los problemas. He aquí la clave de estos dos.

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Continuando con el tema amistad, hay otra unión que que rompe estereotipos en plena actualidad del siglo XXI. Una joven ‘narco barbie’ feminista con las ideas muy claras, hija de una millonaria metida en el mundo de la droga, con una joven musulmana, sí estamos hablando de Rebeka y Nadia. Sin lugar a dudas, dos personajes maravillosamente interpretados por Claudia Salas y Mina El Hammani. Con esta unión quieren acabar con la mirada podrida de la sociedad en la que las nacionalidades, las razas y los colores de piel no pueden mezclarse entre ellas.

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Uniones prohibidas y acribilladas son aquellas que están en la situación de Lu y Valerio. Dos hermanos, por parte de padre, que sienten atracción el uno por el otro y viven su amor a escondidas por no tener que pedir perdón y reconocer lo suyo.

 

Hay muchas más circunstancias y sucesos que podríamos analizar con lupa, pero para eso te dejamos que los disfrutes tú mismo en Netflix y saques tus propias conclusiones. Lo que sí que nos queda claro es que siendo personas auténticas, leales, únicas y, por qué no, una pizca alocadas, siempre se llega más lejos. Nosotros sacamos muchas más pero no se pueden resumir mejor que en este post de Roy Galán:

Élite habla de cómo llegamos a ser los adultos que hoy somos. De a cuántas cosas habremos tenido que renunciar. De lo valiente que hay que ser para que dicha mirada te importe una mierda.

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En este país estamos acostumbrados a pedir siempre perdón por lo que hacemos. A narrar desde el complejo de no ser como son otras cosa. A boicotearnos. Élite es todo lo contrario y por eso funciona tan maravillosamente bien. Porque es una serie orgullosa de ser lo que es. Que no pide permiso para entretener. Ni disculpas por ser arrolladora. Élite es como un sueño: premeditadamente ficticio. Y ver esto hoy, en un país que descarrila hacia unas nuevas elecciones generales, es como una gloria. Un buen sitio donde descansar. Un auténtico arrebato. El verano y sus burbujas sin fin. Élite es una serie hecha con mucho cuidado y respeto. Algo que, por desgracia, tampoco abunda. En esta serie el amor y los vínculos se sienten. Puedes notar que todos y todas están a una. Desde el foquista hasta Danna Paola. Todos creen en lo que hacen y todos quieren contar lo mismo con la misma verdad. Un equipo que chupa el mismo polo de hielo de fresa ácida para dejarnos al público el palo con premio. Y da igual que Élite suceda lejos de nuestras vidas en estancias vitales ricas, jóvenes y hermosas. Élite habla de nosotros y nosotras. De lo que somos capaces de hacer (o dejar de hacer) por sentirnos queridos y aceptadas. Élite habla de cómo llegamos a ser los adultos que hoy somos. De a cuántas cosas habremos tenido que renunciar. De nuestras incoherencias y nuestros errores y nuestros miedos y nuestras dudas con las que tendremos que convivir. De si habremos sido capaces de sobrevivir a ellos o nos habremos convertido en fantasmas. De la constante agresión que supone construirnos siempre en base a la mirada persistente de los demás. De lo valiente que hay que ser para que dicha mirada te importe una mierda. De buscar en definitiva. Nuestro lugar en el mundo.

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En definitiva, Élite habla de nosotros y nosotras.

Juan Carlos Sastre

Director de Comunicación

Cofundador. Maestro y Comunicador Audiovisual. Amante del mundo del arte en todas sus vertientes. juancarsastre@gmail.com